BLOGCEUTA HISTORIA DE CEUTA

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HISTORIA DE CEUTA

ARTICULOS PUBLICADOS EN LA RED DE LA HISTORIA DE CEUTA SELECCIONADOS POR BLOGCEUTA
  • Encarcelada por ocultar a su marido
    Mujeres que se atrevieron a ser libres
    El 13 de noviembre de 1936, tiene lugar el fusilamiento de uno de los políticos más importantes de aquellos años, Antonio Parrado Gil, Secretario General de las Juventudes Socialista. Cuando las tropas toman la ciudad en la madrugada del día 18 de julio, y comienzan las detenciones. Su mujer le aconseja que se oculte para ver como se suceden los acontecimientos, era el máximo responsable del PSOE en los mítines y reuniones, se oculta en casa de un familiar en la actual calle General Aranda allí permanece.
    A mediados de agosto decide cambiar de lugar dada las noticias que le llega de detenciones y temiendo por la familia que lo oculta se viste de anciana y recorre toda la ciudad hasta la playa Benítez, donde su cuñada tiene una tienda de comestibles, junto a la antigua fábrica de curtidos, allí oculto recibe la visita de su mujer llevándole ropa y comida. Pero el 12 de septiembre de 1936 fue descubierto y detenido por la policía ayudado por varios falangistas ingresando en la Fortaleza del Monte Hacho, su mujer y su cuñada también son encarceladas, ellas por cómplices, en la cárcel del Sarchal, tras un juicio sumarísimo se le condenó a dos penas de muerte. El 13 de noviembre de 1.936, a las 8,30 de la mañana, en la explana de la Fortaleza del Monte Hacho, fue fusilado por un piquete de doce falangistas. El joven Parrado le escribe una última misiva hacia su mujer, quien todavía continúa detenida : "Hacho, a 23 de octubre de 1936. Mi queridísima Laura ; Te escribo esta carta el día siguiente de haberse celebrado mi consejo de guerra, para que te sea entregada después de que yo haya sido ejecutado pues supongo que así será, ya que el fiscal me pedía dos penas de muerte. ¿Que podría yo decirte, Laura, mujer buena, de mi fatal destino ? Yo sé que tú me crees : no soy culpable de los delitos de que me han acusado. Sin embargo… ¡No es mi vida lo que más me ha importado en mis horas de meditación y sufrimiento, sino tu, mis hijitos - los tuyos- de mi corazón y mis padres y hermanos ; en fin, todos los que por mi sufrís. Pero en esta tragedia te tengo presente a ti, Laura, como mi más leal compañera de penas y fatigas. ¡Has sido tan buena conmigo ! Ahora lo aprecio aún con más calor y emoción… Lo que más me duele es no poderme despedir de ti con un abrazo fuerte. Pero tranquilízate y ten valor. No vayas a decaer. Nuestros hijos te necesitan más que nunca. Hazlo por ellos y por mi recuerdo. Ahora, saldrás en libertad. Tengo una fotografía tuya y te tengo presente. Moriré con ella apretada, con el pensamiento puesto en ti. Recibe tú mis últimos abrazos y mi íntimo aliento, que van hacia ti como mereces."...por Francisco Sánchez Montoya

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  • Represaliadas en la cárcel del Sarchal
    Mujeres que se atrevieron a ser libres



    Sobre la mujer ceutí, en aquellos años de represión tras la sublevación del 17 de julio de 1936 muy pocos datos tenemos, ellas dieron los mejores años de su vida y todo por atreverse a algo tan simple para nosotros hoy en día, como querer un país en democracia y en libertad. Tras la proclamación del estado de guerra Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos. Desde la misma madrugada del 18 de julio las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos, partidos políticos y Casa del pueblo. Los principales dirigentes políticos son detenidos y encarcelados, los hombres entre la Fortaleza militar del Monte Hacho y García Aldave, y las mujeres en la cárcel de la ciudad en lo que hoy todavía se conoce como “La Cárcel de Mujeres” en la barriada del Sarchal
    Centrándonos en la represión hacia la mujer ceutí, y con motivo del Día Internacional de la Mujer, a celebrar el próximo sábado, recordar que a estas ceutíes se les imputaba de un delito de “adhesión a la rebelión” y algunas se les acusó de ocultar a sus familiares y no colaborar con los sublevados. La represión desencadenada fue tan intensa y extendida que no sólo la sufrieron las mujeres ceutíes que habían defendido el poder establecido con su labor política y sindical, también cayó la misma sobre aquellas que habían destacado en empresas culturales y actividades públicas o simplemente denunciadas por rencillas personales, odios y deudas, de la que se nutrió la prisión del Sarchal.

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  • Encarceladas por organizar un almuerzo
    Isabel Mesa, pudo escapar por la bahía sur, antes de ser detenida. Pertenecía a la sección de la mujer de la CNT


    Otra pincelada de lo sufrido por algunas mujeres ceutíes la tenemos en lo sucedido a unas vecinas de la Barriada del Sarchal estaba claro que el clima de represión y rencillas personales fue tan grande que por el solo hecho de organizar una comida familiar y cantar unas coplillas se pagó con la vida de cinco vecinos de esa popular barriada y sus mujeres encarceladas. El almuerzo se celebró el 6 de junio de 1937, en la barraca nº 46 propiedad de Herminio Vidal, con el fin de oficiar la terminación de unas obras en su barraca, ya que el maestro de obras José Ladrón Ros, no le cobro y también para celebrar que hacia unos días había salido del hospital. La denuncia fue realizada por un brigada que vivía enfrente, vecino de los inculpados y secretario en los juzgados militares del Paseo Colon los acusó de que hacía unos días había fallecido el general Emilio Mola en un accidente de aviación y lo estaban celebrando. Tras consultar el consejo de guerra se puede apreciar la falsedad de lo expuesto durante el consejo de guerra donde se falló pena de muerte para todos menos para el maestro albañil José ladrón que sufriría cadena perpetua. Y todas sus mujeres a largas penas en la prisión del Sarchal. Otras mujeres tuvieron más suerte y pudieron huir antes de ser detenidas como la joven sindicalista Isabel Mesa, quien vivía en la Barriada del Sarchal, tenia 23 años era una gran activista, pertenecía al sindicato de oficios varios de la CNT de Ceuta, donde, por ser mujer, no fue fácil su integración. En los locales que poseía este sindicato en la calle Linares. Isabel Mesa participaba en reuniones junto a otras compañeras trabajadoras, ella poseía el carné número 1 de mujeres del gremio de la aguja de Ceuta. En unas memorias ella escribió : "En Ceuta teníamos un ateneo libertario donde se enseñaba a leer y a escribir a los obreros ; también música, pintura o esperanto, se hacían asambleas, se hablaba de la revolución y de las ideas, lo primero que hicimos en el sindicato fue una biblioteca, los carpinteros hicieron una vitrina y cada persona llevó los libros que pudo, poníamos bancos de madera porque no teníamos sillas". Tras la sublevación pudo huir por la playa del Sarchal en una trajiña junto a doce compañeros más llegando a la costa malagueña todavía en poder del Gobierno, se quedó en Málaga pensando que la sublevación duraría pocos días y poder volver a Ceuta donde estaban sus padres y hermanos pero no pudo ser y tras caer Málaga en manos del ejercito de Franco huye a Valencia trabaja de enfermera, participó en el congreso de constitución de la Federación Nacional de mujeres libres en septiembre 1937, llegando a ser secretaria. ella siempre decía : "La mujer siempre ha tenido que luchar mucho, no sólo teníamos que sembrar las ideas sino luchar contra algunos de los que estaban con nosotras sembrando, la mujer y el hombre tienen que ir caminando juntos, buscando la libertad, codo con codo o cogidos de la mano” A la derrota del 39, nunca se resignó a quedarse como clase subalterna relegada al hogar, como imponía el régimen siguió en la lucha, huye hacia el puerto de Alicante pero al no llegar el barco, marcha hacia Almería a pie. Luego vuelve a Málaga, donde en el año 1941 crea con otras compañeras un periódico clandestino el Faro de Málaga. Seguro que tomó el nombre acordándose de su ciudad. Fue detenida y procesada y condenada a dos penas de muerte. Pudo huir y al sentirse perseguida, tuvo que cambiar su nombre varias veces, pero lo que más le dolió fue tener que abandonar su apellido Mesa, seguirá en la lucha antifranquista con el nombre de Carmen Delgado. Vuelve a Valencia, y junto a otras compañeras, promueve la creación del colectivo de mujeres "Unión de mujeres demócratas", organización clandestina para ayudar a las presas y a su familia y con actividades en contra de la dictadura. Instala un quiosco, junto con Maruja Lara, compañera luchadora, inseparable, en la trastienda tenían la prensa anarquista. Isabel se subleva al miedo, compra una máquina de escribir y con ella, de noche, realizaban las octavillas clandestinas del grupo, para que ningún vecino las descubriera, una niña cantaba y su voz ocultaba el martilleo de las teclas. Su quiosco, fue almacén de donde salieron juguetes que alegraron las fiestas de muchos hijos de presos. En el año 1956 es detenida y durante ocho días es torturada en la comisaría de la calle Samaniego de Valencia, posteriormente colaboró en la formación de colectivos libertarios la ceutí Isabel Mesa fallecía el 25 de febrero de 2002 en Valencia. Podíamos seguir contando historias de otras muchas mujeres ceutíes que sufrieron la represión por querer ser libres, lo dejamos para otra ocasión.
    Escrito por Francisco Sánchez Montoya

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  • Calle Antonia Céspedes Gallego , ¿Para cuándo ? La sindicalista ceutí Antonia Céspedes, ejecutada en 1937, se merece una calle con su nombre. (Archivo : Paco Sánchez)



    En varias ocasiones he escrito sobre esta sindicalista ceutí Antonia Céspedes Gallego, cariñosamente conocida como “la latera” y la deuda que tenemos con ella como símbolo de otras muchas mujeres ceutíes quienes sufrieron represión en nuestra ciudad. Las asociaciones vecinales, Digmun, sindicales y también, ¿Porqué no ?, el Centro Asociado de la Mujer, deberían ponerse a trabajar y acordar que el próximo año en el día de la Mujer se inaugure una calle con su nombre. Todo es cuestión de comprometer a nuestros ediles, y además, recordar que el callejero de nuestra ciudad tiene muy pocos nombres de mujeres ceutíes. Antonia Céspedes, se encontraba detenida en la cárcel de mujeres del Sarchal de donde fue sacada en la madrugada del 21 de enero de 1937 su cuerpo fue encontrado en una de las laderas de la barriada, tenía 46 años. Era una persona muy humilde, vivía en el patio Centenero, una gran luchadora siempre cerca de la mujer trabajadora y de sus mejoras sociales, unos meses antes de su ejecución fue juzgada siendo condenada a cadena perpetua. En el consejo de guerra al cual he tenido acceso, ya se le acusaba de ayudar a otras mujeres. Textualmente el juez militar escribió : “Se le acusa de incitar a las mujeres, ya que en una de las últimas huelgas fue por las casas sacando a las muchachas que trabajaban en el servicio domestico, para conseguir mejoras sociales y en las elecciones del 16 de febrero de 1936 fue apoderada en una mesa apoyando al candidato del PSOE Manuel Martínez Pedroso”. Tenemos constancia por la prensa de su actividad sindical, ella trabajaba en la fábrica de conservas de Pedro Castillo y Antonio Llano en la bahía sur, junto a la playa de la Ribera. En mayo de 1931, lideró una huelga para conseguir mejoras para las trabajadoras entre otras reivindicaciones, pedía, jornada laboral, horarios, salarios e higiene. En los siguientes términos : “no permitáis que embarquen vasijas y menos aún dejar desembarcar pescado para ninguna fábrica de la península, que proceda de Ceuta, porque perjudicáis grandemente la lucha que por estas bravas compañeras” y terminaba el manifiesto con : ¡trabajadores ! ¡No olvidéis este llamamiento ! proceded con energía a todo intento de perjuicios contra nuestras compañeras. El comité de huelga. Ceuta, 18 de junio de 1.931”.

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  • La España desconocida. Las ciudades españolas en África
    Existe un desconocimiento peligroso de la presencia española en África. Desde el año 42, el norte del vecino continente formó parte del Imperio Romano, y desde el año 285, la parte tingitana dependía de la diócesis Hispaniarum. Después vendrán los vándalos, quienes dieron el nombre a Andalucía, y finalmente los musulmanes, que se enseñorearon de ambas partes del estrecho. Sin embargo, siete siglos después, la decadencia islámica se materializó en un puzzle de estados que fueron sucumbiendo bajo el empuje cristiano.

    En 1415 Juan I de Portugal recuperaba la antigua ciudad fenicia de Ceuta. Por parte española, tras la unión de las coronas castellana y aragonesa, se liberaba en 1492 Granada, poniendo fin al poder islámico en la península. No obstante, desde los reinos norteafricanos, que dieron refugio a los musulmanes expulsos, la piratería berberisca obligó a la España renacida a seguir una política de aseguramiento de fronteras en el continente vecino. Pedro de Estupiñán iniciaba aquella política con la toma de Melilla en 1497. Será después, el cardenal Cisneros quien la prosiga bajo su regencia, y la de Fernando el Católico, con la ocupación de las plazas piratas de Mazalquivir (1505), Peñón de Vélez de la Gomera (1508), Orán (1509), Bugía (1510) y Trípoli (1510). Quien tomó parte en casi todas aquellas conquistas, fue Pedro Navarro, conde de Oliveto, natural de Navarra, al servicio de España, antes incluso de que el viejo reino pirenaico fuese anexionado. Este hidalgo navarro, es uno de los mayores ingenieros militares y artilleros de la historia militar española. Al cual se le atribuye el éxito de la conquista de aquellos nidos fortificados de piratas.

    Los acontecimientos posteriores impidieron proseguir el avance africano. Pero las correrías de los piratas berberiscos provocaron la toma del Peñón de Alhucemas en 1673. Para entonces es el nacimiento del reino de Marruecos, cuando en 1660 los alauies, actuales gobernantes marroquíes, unificaron varios de los reinos norteafricanos formando el sultanato marroquí, que ocupaba menos de la mitad del actual reino, sin el Sahara occidental. De aquellos territorios, permanecieron para España, hasta hoy, las ciudades de Ceuta y Melilla, y los dos peñones. La ciudad de Ceuta, pasó a la monarquía española en 1580, como el resto del reino luso, pero cuando se independizó de España en 1640, Ceuta se mantuvo española hasta hoy. A estos territorios metropolitanos se añadirían por razones de seguridad contra la piratería, las islas Chafarinas en 1848 y la de Alborán en 1860.

    Será a inicios del siglo XX, cuando las grandes potencias europeas se repartan el continente africano, cuando el sultanato de Marruecos quedó bajo protección francesa, excepto el norte rebelde a su dominio, que fue entregado a España. Estos territorios coloniales fueron devueltos en 1956 a Marruecos cuando recobró su independencia de Francia. No así las ciudades de Ceuta y melilla, ni los peñones, ya que nunca formaron parte de Marruecos, siendo españoles siglos antes de la constitución del primer estado marroquí en 1660.
    La población de las actuales ciudades autonómicas es española, siendo la religión católica la mayoritaria, siendo su minoría bereber de reciente incorporación. La población de ambas ciudades norteafricanas ronda en torno a las 140.000 personas. En cuanto a los peñones, la población civil era de 300 en cada islote. Sin embargo, las dificultades obligaron a su población a instalarse en Ceuta y Melilla, siendo sus habitantes, personal militar exclusivamente.

    En la actualidad, el reino de Marruecos mantiene una política de reivindicación de los territorios españoles para poder canalizar contra nuestro país el profundo malestar existente en la sociedad. La fuerte corrupción, el desempleo masivo en la juventud, la ausencia de libertades y un creciente islamismo, son motivos suficientes para que las autoridades marroquíes mantengan viva una reivindicación nacionalista que carece de argumentación histórica. Por el contrario, los saharauis del sur y los rifeños del norte, carecen de las libertades más elementales para poder ejercer el derecho a vivir en la plenitud de su identidad.
    José Luis Orella - 2008-07-29 – ‘ABC’. Esp.....conocereisdeverdad.org

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  • CEUTA VISIGODA Y BIZANTINA DURANTE EL REINADO DE TEUDIS
    fuente .CERVANTESVIRTUAL.COM

    Demostrado está (i) que este gran monarca visigodo empezó
    á reinar en uno de los días comprendidos entre el 5 de Diciembre
    de 531 y el 24 de Febrero de 532, y que su reinado no duró
    menos de diez y seis años, ni más de diez y siete y cinco meses,
    el cual no debe prolongarse más acá del 24 de Julio de 549-
    Poco antes que él falleciese, aconteció la malograda empresa
    de sus armas contra la bizantina ciudad de Ceuta; empresa que
    me propongo ilustrar con varios datos históricos en espera de
    otros arqueológicos. San Isidoro la describe así (2):
    CEUTA VISIGODA Y BIZANTINA 623
    Después del feliz suceso de tamaña victoria (3), los Godos incautamente
    se portaron al otro lado del Estrecho Hercúleo. Habíalos
    expulsado de Ceuta la milicia bizantina (4), y Teudis para
    recobrar esta plaza fuerte, ordenó que sus tropas la asediasen y
    combatiesen con gran vehemencia. Aconteció que un día, por
    ser domingo y para no profanar la solemnidad, holgaron los sitiadores
    dando treguas á su porfiado embate. Reparando en ello
    los sitiados, hicieron una salida, reforzada con sus naves de guerra,
    y de tal modo por tierra y por mar envolvieron á sus contrarios
    y los postraron, que ninguno de éstos quedó con vida
    para poder llevar á España la noticia de tan ominoso desastre. Y
    sin tardanza sobrevino luego otra desgracia no menos lamentable,
    cual fué la trágica muerte del Soberano. En su propio pala
    do se vio acometido por cierto hombre alevoso, de quien no
    desconfiaba, porque este malsín fingía que estaba loco, atiabando
    la ocasión de ejecutar sin estorbo su dañado intento. Hundió
    dentro del palacio su acero en el cuerpo del Príncipe; el cual...
    según se cuenta, estando á punto de rendir indignada el alma á
    vueltas de la sangre que borboteaba de la herida, pidió gracia
    para su asesino, y dijo á los circunstantes: Os conjuro que no
    lo matéis; toda vez que yo mismo soy reo de semejante culpa.,
    porque antes que yo fuese rey, engañé á mi jefe militar por igual
    estilo, y lo sacrifiqué á mi encono.
    La catástrofe de la hueste visigoda, acorralada por tierra y
    mar ante los muros de la sitiada Ceuta, aconteció un día de Domingo,
    cuando tocaba en su remate la vida del infortunado Tendis.
    Conjeturo que aquel Domingo sería el solemne de Pascua de
    Resurrección, 4 de Abril de 549> tres días después del principio
    del año XXIII del imperio de Justiniano (i), en cuyo año coloca
    San Isidoro el comienzo del reinado de Teodiselo, sucesor de
    Teudis. Las palabras del Santo nec mora aplicadas al intervalo
    cortísimo que medió entre la derrota del ejército visigodo, sitiador
    de Ceuta y el asesinato de Teudis, parecen indicar que el
    atentado del que fué víctima este príncipe, aconteció un día después
    de aquella inesperada derrota, ó á buena cuenta en 5 de
    Abril de 549- Si descontamos ahora diez y siete años y cinco
    meses que atribuye el mismo Santo al reinado de Teudis, resulta
    que empezó á reinar en 5 de Diciembre de 531, fecha probabilísima
    que se desprende, como ya lo demostré (2), de dos inscripciones
    visigóticas de la Galia Narbonense.
    Al desastre del ejército visigodo delante de la bizantina é
    inexpugnable Ceuta no dejó de aludir Procopio, historiador contemporáneo
    del hecho:
    En la región Gaditana y en la segunda de las columnas de
    Hércules, á mano derecha del que viene del océano al mediterráneo,
    estuvo en la costa africana una fortaleza, llamada Septa,
    que siglos atrás habían edificado los Romanos. No se cuidaron
    los Vándalos de rehacer la fortificación, desmantelada y arruinada
    bajo la pesadumbre del tiempo. Mas nuestro emperador Justiniano
    la hizo restaurar y la dotó de una guarnición conveniente.
    Allí también erigió bajo la invocación de la Madre de Dios un
    templo considerable, confiando á su protección el nuevo régimen
    político de la ciudad y su fortaleza inexpugnable para la hostilidad
    de cualesquiera gentes.
    Falleció Justiniano en 14 de Noviembre del año 565; y el cuidado
    que puso en fortificar á Ceuta y á su acrópolis del Hacho
    rodeándola de espesas murallas, arduas torres y puertas de doble
    entrada, fué imitado en 589 por el emperador Mauricio en Cartagena,
    capital de la España bizantina, según lo patentiza una
    insigne lápida cartagenera, que felizmente no ha perecido (i).
    Por esta razón abrigo la esperanza de que, si diligentemente se
    buscan, han de encontrarse en Ceuta dos lápidas, que respectivamente
    mencionen la sobredicha erección del templo y de las murallas
    Justinianéas.
    Hubo de emprender estas obras munumentales Juan, que fué
    el primer gobernador bizantino de Ceuta, designado y enviado
    al efecto por Belisario desde Cartago en el año 534, según lo refiere
    Procopio (i). Un año antes había acontecido un suceso memorable,
    que narra el mismo historiador (2), é ilustra, hasta cierto
    punto, lo que escribió San Isidoro; esto es, que el dominio de
    los visigodos en Ceuta cesó con el advenimiento y superioridad
    de los imperiales; los cuales, dueños de esta plaza amplísima, la
    fortificaron, poblaron y embellecieron, apreciándola en su justo
    valor como llave ele la navegación del Estrecho Hercúleo y como
    principal baluarte de la Nueva Roma en el extremo Occidente.
    Cuenta Procopio que no mucho antes que Belisario, con su
    poderosa armada y tropas de desembarco arribase al África (3),.
    Gilimer, último rey de los Vándalos, había enviado á Teudis dos
    embajadores para solicitar su alianza y concurso efectivo contra
    la invasión bizantina. Llamábanse Gotthéo y Fucias; navegaron
    desde Cartago con rumbo al Estrecho de Gibraltar en busca de
    Teudis,. y preguntando por él supieron que estaba lejos, mu}'
    tierra adentro (4) sv X^P^P [*&*/£àv ^TIO dx\áoar¡c xstfxévtü. Antes.
    que llegasen á la vista de Ceuta ya tenía Teudis aviso de la expedición
    de Belisario; de la insurrección de la isla de Cerdeña y de
    las Baleares, que habían sacudido el yugo de los Vándalos. Tan
    hábil político como diestro guerrero, Teudis se mantenía neutral
    y en la expectativa de ver si la fortuna torcía ó no el rostroá
    la empresa de Belisario.
    No bien se apoderó de Cartago este gran conquistador de toda
    el África vandálica (5), un buque vino á España con viento favorable
    desde aquel puerto, y trajo la noticia á los oídos de
    Teudis. Él la conocía, mas no los embajadores de Gelimer, cuando
    éstos, recibidos en audiencia dentro del palacio de la Corte
    visigoda, expusieron su cometido. Teudis disimuló su pensar; los
    acogió con agrado y los agasajó, reservándose contestarles,
    prontamente y después de haber meditado sobre el asunto. De
    sobremesa, y caliente el ánimo con el menudear de la copa, soltóles
    esta frase ambigua: Regresad á la costa marina, y allí de
    seguro sabréis lo que hay de bueno en vuestra patria. Pensaron
    que no hablaba en serio, mas lo disimularon, juzgando que poco
    valía la palabra de un hombre, á su parecer medio beodo. Al
    día siguiente reanudaron la petición; pero Teudis, contestándoles,
    no fué más explícito, con lo cual entendieron que algo grave
    ocurría; aunque no tanto que Cartago hubiese caído en poder de
    Bizancio. Llegados á Cartago, y cogidos en la ratonera, contaron
    al generoso vencedor lo que les había ocurrido. Belisario se
    sonrió y ningún daño les hizo.
    Ceuta fué visigoda antes que bizantina. Creo que Teudis en
    532 á 533) aprovechándose de la agonía del reino vandálico, se
    apoderó inmediatamente de esta noble ciudad. Con ello se aviene
    y explica la afirmación categórica de San Isidoro. Desmantelada
    entonces y arruinada su fortificación antigua, permitía fácil acceso
    á semejante golpe de mano.
    Un año después, ó en 534, ordenaba Justiniano por una de sus
    leyes (i), que Ceuta, devuelta por fin al imperio romano y oportunamente
    fortalecida, estuviese bajo el mando de un Tribuno
    militar y que dominando el paso del Estrecho Hercúleo fuere
    estación naval de una flota, cuyos buques ligeros (Spótiwvsc),
    recorriendo nuestro mar diesen aviso de lo que pasaba en el
    litoral visigodo y franco.
    Esta plaza fuerte, inexpugnable, al decir de Procopio, se vio
    bloqueada por el ejército de Teudis, que ansiaba reconquistarla,
    poco antes que un acero alevoso cortase el hilo de su vida. Tamaño
    ardimiento del rey visigodo y tan funesto desastre de los
    sitiadores, que refiere San Isidoro, ;cómo se explican? Conjeturo
    que por la alianza ó confederación de Teudis y de Tótila, cuando
    este monarca ostrogodo sembrando en toda Italia el terror de
    sus armas contra los bizantinos una vez (año 547) Y ° t ra v e z (549)
    se hizo dueño de Roma (1
    Sobre otras peripecias del reinado de Teudis, y en particular sobre
    la tolerancia y aun protección que este gran Príncipe, aunque era arriano,
    dispensó á los católicos, según lo afirma San Isidoro, véase lo apuntado
    en el tomo xxxvn del BOLETÍN, páginas 500-517 y en el tomo XLI, páginas
    353-416.
    En su Historia de la Plaza de Ceuta, pág. 96 (Madrid, 1859), expone
    D. José Márquez Prado una antigua tradición, patrocinada por varios escritores
    portugueses, acerca de la veneranda efigie de Nuestra Señora
    de África, que se dice fué enviada por el emperador Justiniano para ser
    colocada en el magnífico templo erigido en aquella ciudad y del que habla
    Procopio. Al tenor de esta tradición, la sagrada imagen permaneció oculta
    durante la dominación musulmana de Ceuta y reapareció siete siglos
    más tarde en el Otero, ó en el mismo sitio que hoy ocupa, cercano á la
    catedral.

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  • Francisco García Cortés
    Nacido en Velilla de Medinaceli, un pueblecito del sur de la provincia de Soria, Francisco García Cortés inició su andadura como fotógrafo en el Tetuán de la inmediata posguerra española. Tiempos difíciles, sujetos a mudanzas de suerte y a dificultades de toda especie. Fotógrafo ambulante, con una "Leica" entre sus manos busca por las plazas y paseos de la ciudad a sus clientes, en su mayoría soldados que acudían a Marruecos a prestar su servicio militar.
    En la misma casa donde vivía (en el número 8 de la entonces calle de Calvo Sotelo), habilitó el minúsculo cuarto de contadores de la vivienda para montar un precario laboratorio con los elementos más indispensables. Por la noche trabajaba en el laboratorio, por la mañana hacía el reparto de las fotografías y por la tarde comenzaba la búsqueda de nuevos clientes. Años más tarde, y en la misma calle, consigue hacerse con los cuartos lavaderos de una azotea y, al disponer de más espacio, establece algo más parecido a un laboratorio fotográfico que lo anterior.
    En los años 50 logra el traspaso de una bonita tienda con un nombre sugestivo: "Samoa", en la calle General Sanjurjo. Allí montó un estupendo estudio fotográfico, que se hizo famoso enseguida. Amplió el negocio después con otro local en la calle principal de la ciudad y abrió sucursal en la ciudad de Chauen. Gracias a su condición de trabajador infatigable y seriedad en los negocios, fue elegido corresponsal de la Agencia EFE en Tetuán, así como colaborador gráfico del "Diario de África" y de su suplemento deportivo.
    Fue fotógrafo oficial de la Alta Comisaría de España en Marruecos durante los mandatos de los generales Orgaz, Varela y García-Valiño. Desde esa posición de privilegio nos ha dejado testimonio, con sus reportajes, de una etapa de aquella singular historia compartida entre España y Marruecos.
    Su obra abarca distintas facetas: desde sus compromisos oficiales, pasando por reportajes periodísticos hasta lo puramente artístico: recoger la vida de las medinas de distintas ciudades marroquíes, los zocos, las fiestas, las romerías, los tipos singulares, el marco, en fin, lleno de fascinación en que se desarrollan todas esas actividades: las puertas históricas, las fuentes, las mezquitas, las fachadas con trabajo de ataurique.
    Después de la independencia de Marruecos, García Cortés se trasladó primero a Ceuta y después a Málaga, donde falleció en 1976. En la actualidad, cinco de sus hijos son fotógrafos en Ceuta, Málaga y Almería.
    Éstas son algunas de sus fotografías:

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  • ¿Y SI EL CABO JOSÉ RICO HUBIERA MATADO A FRANCO?
    Juré defender una España democrática y la defiendo porque soy español;los traidores a la patria sois vosotros”»José Rico, ante el tribunal que lo condenó a muerte.

    “Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que echa las bases sobre las que se alzan los islotes de la Historia”. Uno de esos hombres a los que la prensa nunca dedicó un renglón y que Miguel de Unamuno metía en lo que llamaba “intrahistoria” es el cabo José Rico, fusilado en Ceuta el 17 de abril de 1937. El periodista y escritor Carlos Fonseca (Madrid, 1959) recoge las palabras del filósofo español y las pone en la cabeza de uno de los personajes de Tiempo de memoria para desatar la pequeña gran historia del hombre que intentó matar al general Franco.
    “Fue un plan ingenuo, pero no descabellado”, cuenta Fonseca, autor también de la obra adaptada al cine Trece rosas rojas, en una conversación telefónica con este diario. El periodista, que compagina la literatura con su trabajo en la revista Tiempo, retrata en su nuevo libro la intentona fallida de un grupo de soldados destacados en Ceuta y liderados por José Rico para matar a Franco en los primeros días tras el golpe de Estado militar. Un hecho real, incluido en los archivos militares de la época, que Fonseca tiñe de ficción para llevar al lector hasta la traición que condujo a Rico y sus compañeros de compló al paredón de fusilamiento.
    ¿Y si hubiera muerto Franco?
    El cabo Rico, de tan solo 21 años y miembro del Batallón de Cazadores del Serrallo número 8 de Ceuta, periodista amateur en su tierra natal, Salamanca, y fiel a la República, ideó sorprendido por el alzamiento militar un plan para asestar un tiro a Franco durante su visita a Ceuta. ¿Y si hubiera triunfado? “No hubiera pasado nada”, explica Fonseca tras la consulta a varios historiadores. “La muerte de Franco no habría cambiado la guerra. Ni él mismo pensaba que iba a ser generalísimo -los cabecillas Mola y Sanjurjo murieron en accidentes aéreos-. La República no podía ganar sin Francia y Reino Unido”. Además, como aclara el autor en el libro, la premura del golpe llevó a Franco a no visitar el cuartel desde donde Rico quería iniciar la reconquista de las voluntades del Batallón, algo que Fonseca considera, en cualquier caso, “fantasioso”.
    ¿Por qué no se ha contado hasta ahora la historia de Rico? “Nadie sabía de su existencia” aclara Fonseca que inició su escritura a partir de un ensayo del investigador Francisco Sánchez Montoya sobre la República en el norte de África y que pretende con Tiempo de memoria pasar de los “grandes personajes” a partir de los que se ha desarrollado la Historia a los “anónimos que también tienen su relevancia”. Así es como el libro, que salta del calabozo en el que está Rico a la cabeza del profesor Ernesto López, personaje de ficción y trasunto en ocasiones del autor, deja un poso de miedo, cinismo, traición, pero también valentía, lealtad, sinsentido, ingenuidad e ignorancia.
    Es esta ignorancia precisamente la que Fonseca descubrió durante su trabajo en el pueblo salmantino de Monleras, al que viajó para hablar con uno de los hermanos del cabo fusilado, Antonio Rico, y en el que averiguó que nada sabían sobre el compló contra Franco que llevó a uno de sus vecinos a la muerte por rebeldía. “¿A quién le importa ya?” pregunta Antonio sobrecogido en las últimas páginas de la novela...por ELPAIS.COM.Cultura

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  • LISTADO DE FUSILADOS EN CEUTA Y CIUDADES DEL PROTECTORADO 1936-1944 LISTADO ELABORADO TRAS LA PUBLICACIÓN DEL LIBRO "CEUTA Y EL NORTE DE ÁFRICA, REPÚBLICA, GUERRA Y REPRESIÓN" Si desea más información: fsanchezmontoya@hotmail.com


    José Gallardo Florido.
    Alfonso Guerrero Martín
    José Hernández López
    Eduardo Morales Gallardo
    José Molina Castillo
    Ricardo La Puente Bahamonde
    Manuel Muñiz Abad
    Ramón Sainz Gutiérrez
    Justo Vilariño Mauriño
    José Font León
    Godofredo Grande Sánchez
    José Fernández Moniche
    Ramón Arnau Gutiérrez
    José Bermúdez Reina
    Salvador Sorroche Hernández
    Andrés Garrido García
    Sebastián Ordóñez Ordóñez
    Tomas de Prada Granados
    Francisco Farfante Moreno
    Juan Mendaro Martín
    Antonio Postigo Martínez
    Diego López Sánchez
    Joaquín Estévez Suárez
    Pedro Vera Sánchez
    Tomas Casado Sánchez
    Miguel D'olon González
    Ángel Grande Pérez
    Cristóbal de Lora Castañeda
    J. Torres Gómez Somorrostro
    José Blond Mesa
    Antonio Salido Lobillo
    Antonio García Arquero
    Rafael Méndez Cadaveira
    Fernando González López
    Francisco Pío-González Sánchez
    Juan Medina de Aragón
    Manuel Bonet San Martín
    Felipe González
    José González Palma
    Juan Benítez Botella
    Manuel García Ortega
    Gaudencio Martín García
    Alfredo Arderius Perales
    Francisco González Raposo
    Enrique Santiago Araujo
    Manuel Pascual Abad
    Tomas Fernández Hernández
    Jesús Arines López
    Manuel Luque Moreno
    José Cortes Persiva
    Julián del Barrio San José
    Secundino Valdés de la Fuente
    Urbano Bautista Pascual
    Manuel Sevilla García
    José de la Vega Ros
    Andrés Montiel López
    Carlos B. Reguero Ortiz
    José Espinosa Acosta
    Francisco Romero Vázquez
    Juan Hurtado Molina
    Federico Gutiérrez Martínez
    José Encomienda Duran
    Antonio Gómez Peralta
    Desconocido
    Jesús Romero Murga
    Manuel Cañada Azpeitia
    Aron Abraham Casado
    José Rojo Montes
    Salvador Rodríguez
    José Martínez-Díaz Ufano
    Emilio Alcañiz Turegano
    Miguel Guindo Ramírez
    José Morcillo Ibáñez
    Juan Pousa Martínez
    Trinidad del Valle López
    Miguel Sánchez Hermoso
    Agustín Legorburu Granadell
    Desconocido
    Antonio López Sánchez-Prado
    Adolfo de la Torre Guillen
    Ángel Guijo Higuero
    Fidel Vélez Roldan
    José Sierra Garrido
    Leonardo Trujillo
    Diego Vega
    Francisco Guerru Pérez
    Rafael Herrera Tineo
    José Crespo González
    Enrique Velasco Morales
    Bernabé Sánchez Jiménez
    Miguel Hernández Morales
    Francisco Palmero Burgos
    Antonio Criado Molina
    José Mª González Sánchez
    Francisco Sánchez Ríos
    Bartolomé Alcántara Molina
    Luis Castillejos Villar
    José Sarria González
    Pascual Aragón Barra
    José Mª Quesada Xendra
    Alberto Pastor Padrón
    Lucas Barcenas Solano
    Desconocido
    Isidro Sánchez Hernández
    Juan Ramón Gil Ordóñez
    Francisco Garrido García
    José Torres Ruiz
    Rafael Alarcón Moreno
    Manuel Navarro Navarro
    Manuel Gutiérrez Camúñez
    José Ríos Soto
    Antonio González Gil
    Francisco Aznar Fernández
    Pedro Perdomo García
    Miguel Burgos Castro
    Marcelino López Escribano
    Paciano Villar Pascuas
    José Arribas Lora
    José Becerra Moreno
    Antonio Bernabé Calvo
    Antonio Parrado Gil
    Federico Martín Cortes
    Antonio Soto Vargas
    Francisco Garrucho Pavón
    Antonio Vázquez Soler
    Bernardo Cabezas Madrigal
    Lidio Belmonte Jimeno
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    José Rodríguez Pastor
    Miguel Barberan Cereceda
    Antonio Becerra Delgado
    Daniel Ramos Herrero
    Luis Sánchez Aguilar
    Manuel Fuentes Huerta
    Luis Medina de Aragón
    Juan Herrera Vera
    Mateo Fresneda Moreno
    Vicente Collado B.
    Miguel Pérez Laya
    Rufino Marcos Rodríguez
    Pedro Veintemilla Arrizaleta
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    Manuel Pérez Muñoz
    Herminio Culebras Solas
    Blas Almenara Maresco
    Antonio Berrocal Gómez
    Rafael Ruiz Corzo
    Miguel Vázquez Corbacho
    Moisés Benhamú Benzaquen
    Fortunato Bendaham Abecasis
    Antonia Céspedes Gallego
    Antonio Cifuentes Funes
    Francisco Fortes García
    Pedro Domínguez Matías
    Arturo Álvarez-Buylla Godino
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    Luís Obispo Márquez
    Juan Lozano Trigo
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    José Rico Martín
    Anselmo Carrasco Doncel
    José Lombau Quiñoa
    Felipe Navas Escobar
    Antonio Sánchez Medina
    Antonio García Cayuela
    Santiago García Villegas
    Miguel Sedeño Ríos
    Manuel Juárez González
    Víctor Vera Romera
    Salvador Guillot Peinado
    Eusebio Álvarez Chaves
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    Leandro Bujedo Lalinde
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    Pedro Beltrán Pérez
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    Emilio Lafont Calvet
    Ramón Llado Asensio
    Manuel Espinosa Rodríguez
    Vicente Arlandiz Marzal
    José González Núñez
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    Antonio Rodríguez Castaño
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    José Bruno Vidal
    Salomón Bensimon
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    Silvino Gardo González
    Luis Manzanete Flores
    Luis Santos García
    Miguel Pinalla Sánchez
    Tomas García Ramos
    Manuel Hoyos Conde
    Luis Utor Curbelo
    Juan Rivas Cortes
    Juan Serrano Martínez
    Luis Troyano Fernández
    Francisco Toset Castilleros
    Rafael Montoya Quintana
    Antonio Sánchez Campiña
    Antonio Sierra Arbuja
    Juan Calvo Pastor
    Francisco Martos Hernández
    Prudencio González Martín
    Víctor Sánchez Sánchez
    Enrique Caliani Rodríguez
    Joaquín García Sánchez
    Cecilio Fernández García
    Julio Fajardo Izurriaga
    José Granara Sánchez
    Aquilino Casado Marcos
    Eloy Ramírez Heras
    Manuel Lago Hernández
    Valentín López Ávila
    José Bosque Navarro
    José Pérez Vázquez
    Manuel Benítez Lebrón
    Victoriano Centro Aznar
    Constantino Cenzano Martín
    Fernando Peña Ibáñez
    Antonio López Aguilar
    Miguel Martínez T.
    Lucas González< de Calvo
    Robustiano García Sánchez
    Francisco Serrano Bernal
    Aurelio Aragón Cobadela
    Manuel Díaz Hernández
    Francisco Coll Rian
    Antonio Rojas Peña
    José Mur Sánchez
    Joaquín González Polo
    Manuel Gómez Rodríguez
    José Alberola Feced
    Luis Gil Santamaría
    Juan Troyano Corrales
    Jaime López Castro
    Cipriano Gapo Pérez
    Rafael Rebollo Robles
    Juan Benítez Jiménez
    Jesús Baños Escobar
    José Blanco Caballero
    Enrique Navarro Jiménez
    José Congost Plá
    Antonio Reinares Metola
    Ramón Valls Figuerola
    Miguel López Castellanos
    Andrés Bautista Martínez
    Juan Magaña Maldonado
    Rafael Velasco García
    José Moya Guerrero
    Marcos López López
    Francisco García Escobar
    José Mª Tome Laclaustra
    Eliseo del Caz Mocha
    Miguel Cortes Cortes
    Fernando Pastor España
    Ricardo González guerrero
    Cristino Pérez Gómez
    Hipólito Gómez Serrano
    Rodolfo Morales Taylor
    J. A. (iniciales en su camisa)
    Antonio Aguilera Jiménez
    Francisco González Rodríguez
    José López Ordóñez
    Fernando Alcaraz Godoy
    Cesar Calero Contel
    Andrés Pérez Gomariz
    Manuel Alcoba Luque
    Francisco Asensio Valenzuela
    Manuel Alcoba Luque
    Victoriano Galdos Martínez
    Anselmo Barta blanco
    May Benzadon Cados
    José Vieira Fernández
    Antonio Castillero Gómez
    Antonio Castillo Morales
    Antonio Cuevas Redondo
    José Espejo Martínez
    Jesús Fernández Castillo
    Miguel Fernández castillo
    José Gallardo Cabrillan
    Francisco Garzón Cantero
    Juan Yscar Rodríguez-
    Luis Llaneza León
    Juan Lliso Torres
    Luis Madrid Vázquez
    Rafael Magaña López
    Isidro Mayordomo Martínez
    Alfonso Maroto Jiménez
    Francisco Expósito Alcalá
    Manuel Martín Trujillo
    Natalio Martínez R. Arévalo
    Francisco Martos Fernández
    Domingo Novoa Romero
    Juan Ramos Rodríguez
    José Ríos Ros
    Telmo Rodríguez Novoa
    Francisco Rojas Escobedo-
    Antonio Ruiz Osorio
    Luis Salvago Jiménez
    Rodrigo Dos santos Coutiño
    Ernesto Sastre Vallecillo
    Pió Suárez Blanco
    Mauricio Calero Contel
    Juan Torres Chacon
    Tomas Ureña García
    Macrino merino Rahillo
    Antonio Díaz Serrano
    Sertorio Martínez Simón
    José Salmeron Céspedes
    José María Caravaca Sánchez
    Nicolás Rodríguez laguna
    Enrique Balboa Gómez
    Francisco Sánchez Pérez
    Antonio Miguel Romero S.
    Antonio Díaz Chamorro
    Antonio Ortega Aragón
    Miguel García González
    Bernardo Castillo Ruiz
    Mauricio Belzac Brossard
    David Morenza Pérez
    Máximo Díaz Agudo-
    Miguel Gil Crespo
    Manuel Alonso García-Dominguez
    Juan Carrillo Santos
    Luis Cadavieco Álvarez
    Francisco Gómez Ruiz
    Idelfonso Cabezas Fernández
    Manuel Calvo García
    Francisco Campos Díaz
    José Bornay Guillen
    Leonardo Azconca Granda
    Eduardo Pérez Alemany
    Alfonso Nogales Medina
    Antonio Rivera Sandalza
    Ricardo Pol Pereda
    José Artacho Torres
    Manuel Díaz Escalona
    Antonio Beltrán Pérez
    Francisco Beltrán Baeza
    Marcelino López Muñoz
    José Jiménez Rojas
    Jesús Rodríguez Medina
    Antonio Navarrete Molina
    Cesar Fraile Pérez
    Manuel Martín Ruiz
    Miguel Duran Campos
    Sin identificar
    Sin identificar
    Juan Martín López
    Jomasso Giovanni López
    Manuel Cabrera Domínguez
    José de León Prieto
    Antonio Suárez vega
    Pedro Viera Hernández
    Manuel Pérez González
    Pablo Ballesta Martín
    Rafael Aranda Navas
    Mario Deschap
    José Álvarez
    Alfredo Martín Blasco
    Juan Arcas Arjona.
    Victoriano Fuminaya Lanzada
    Antonio Pedrosa Sánchez
    Antonio Chacon Rodríguez
    Manuel Domínguez del Barrio
    Manuel Jiménez Díaz,
    Guillermo Vázquez Castillo
    José Navacerrada Rodríguez
    Antonio Alonso Iglesias
    José Sequeda Fernández
    Manuel Peña Maestre
    José González Lagares
    José Naranjo Rodríguez
    Venancio Lázaro Mera
    Matías Redondo Araujo
    Miguel Hernández Recio
    Rosendo Pena Moreda
    Félix Gordillo Jurado
    Tomas García Rujas
    Eugenio Martín González
    José Gas Gorregui
    Pedro Teruel Sánchez
    José Gallardo Santarratita
    Andrés Paradines Sánchez
    Luis Fullol Espejo
    Gregorio Moyano Lacruz
    Eduardo Prado
    Antonio Escobar,
    Salvador Mateos,
    Carlos López Serapio
    Salvador Sánchez Marín
    Santiago Burgos González
    Evaristo Queipo Rodríguez
    José Nieto Ramos
    Francisco Expósito Acala…yala
    Andrés Benítez Jiménez
    José Sarria Mateos……oreno
    Ramón Alarcón Rodríguez
    Cesar Gilardi Dávila
    Bernardino Pérez Gomariz
    José Álvarez Barcenilla
    Juan Morales Moreno
    Juan Galea Borrego
    Manuel Franco Fernández
    Alfonso Sánchez Macho
    Alejandro Jiménez Morales
    Antonio Morales González
    Rafael Pariente Castiel
    José Ferrer López
    José García Sánchez
    Miguel Matamala ramos
    Manuel Reyes González
    Rafael Seoane González
    Emilio López Plume
    José González Muñoz
    Domingo Ruiz Guerrero-
    José Martínez Salamanca
    Tomas Juanes Risco
    José Gutiérrez Galindo
    José Domínguez Moya
    Juan Velásquez Arcos
    Rafael Pérez Liñan
    Cosme Estrella Ortega
    Francisco Carmona Ármela
    Álvaro Reguero Reguero
    Ángel mentón Guardiola
    Germinal Barriobeña Palacios
    José Gallardo Menchon
    Abraham Amar Bitton
    Vicente Alcover Jimeno
    Manuel Díaz García
    Pedro Plata González
    Federico san Esteban Peralta
    Miguel Morales García
    Andrés Codina Villanova
    Fulgencio Maria López
    Bernardo Núñez Pequeño
    Rafael Ramos Capote
    José Maria Gutiérrez Garnica
    Manuel Castro Benzo
    Alfredo martin Blasco
    uan arcas arjona
    Victoriano Fominaya Lausada
    Antonio Pedrosa Sánchez
    Antonio Chacon Rodríguez
    Manuel Guimerá Bochs
    José Antonio Reyes gonzalez
    Felkiciano Cid González
    Francisco Farnell Carrasco
    Simeon Visuales Rivera
    Leopoldo Aznar Tobajas

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  • Bartolomé Ros, Fotógrafo
    CENTRO VIRTUAL CERVANTES

    Bartolomé Ros y Ros, fotógrafo español nacido en Cartagena, Murcia, en 1906, llegó a la ciudad de Ceuta en compañía de sus padres y de su única hermana en 1918.
    Pronto empieza a trabajar con el fotógrafo D. Ángel Rubio (aunque hay quien afirma que fue con D. José Calatayud) y adquirió los primeros conocimientos de la técnica fotográfica.
    Una de sus primeras fotografías conocida, la realizó con apenas catorce años de edad, es una entrañable y bella imagen de su hermana Isabel y ya en ella podemos apreciar los rasgos principales de su visión fotográfica: pureza de líneas y claridad de concepto estético, y así después de tantos años, nos asombra su técnica y su modernidad.
    ¿Podemos imaginar la dificultad que entrañaba el trabajo de aquellos primeros fotógrafos? Quizás, para comprenderlos un poco, haría falta llegar a ellos como en otros tiempos, a través de caminos de tierra, a lomos de herradura, casi furtivamente, llegar allí donde todas las distancias resultan inútiles, allí donde conviven, en un sorprendente caos, culturas y sentimientos.
    Porque todo pensamiento que al trabajo de aquellos pioneros del retrato, de la instantánea o del reportaje de actualidad se refiera, ha de ser colocado necesariamente en otra dimensión fotográfica. En un tiempo y en un lugar ya muy alejados de nuestra realidad. Pero también en unos medios técnicos a años luz de los actuales, para los que parece, no existen barreras.
    Pero ayer, como hoy, la primera cualidad que se debe pretender de un fotógrafo es que vea donde los demás se limitan a mirar. Y si además, con su trabajo nos obligan a ver, en esa virtud encierran su mérito inmenso.

    La fotografía fue la profesión, el modo de vida de Bartolomé Ros durante la década de los años veinte. Precoz por necesidad, empezó a ejercerla a la edad de quince años, en las imágenes que nos ha legado encontramos hoy no solamente una belleza profunda y una técnica depurada, sino todo un carácter.
    Ejerció en Ceuta y la zona norte de Marruecos y sus fotos fueron publicadas en las revistas y periódicos más importantes de la época. Fue también fotógrafo colaborador de la National Geographic Society de Washington (EE.UU.).
    Antes de cumplir la mayoría de edad, entabló relaciones comerciales con la firma alemana AGFA, desarrollando desde entonces una actividad comercial que le ha sobrevivido. En las ciudades marroquíes donde se estableció, su nombre comercial fue «Casa Ros».
    Las fotos de Bartolomé Ros están siendo exhibidas desde 1993 y ya se han podido contemplar en Ceuta, Madrid y Barcelona. Después de recorrer las ciudades marroquíes de Tetuán, Tánger, Rabat, Fez y Casablanca, se expusieron en Madrid (febrero de 1997) y posteriormente en el Reino Unido de Gran Bretaña (mayo de 1997).
    Murió en Madrid (España), en diciembre de 1974.


    Rosa RosMadrid, octubre de 1996

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  • Más de cinco siglos de historia de un desencuentro trágico

    Ceuta y Melilla

    Ceuta y Melilla son dos ciudades construidas, habitadas y regidas por España desde hace varios siglos. La primera pasó de iure a nuestra

    soberanía en 1668 de manos portuguesas, que la habían conquistado en 1415. La segunda fue ocupada en 1497 por tropas españolas. La zona había estado bajo influencia islámica desde la invasión de árabes y bereberes ocurrida el año 711.

    1476: Sta. Cruz de Mar Pequeña

    Diego García de Herrera, que había recibido unos derechos de posesión de Canarias y que había conquistado Gomera, parajes que transmitió a los Reyes Católicos, fue de Lanzarote a la costa africana, construyendo un torre fuerte que bautizaría como Santa Cruz de Mar Pequeña. Más de tres siglos despuésen 1860, el Sultán, que había perdido la plaza de Tetuán, hubo de aceptar la reclamación española de aquel fuerte.Reunión.

    1859: Tetuán y Wad-Ras

    Marruecos aún se encontraba traumatizado por la ocupación francesa de Argel y la batalla de Isly, en la que su ejército había ayudado a los argelinos, siendo derrotado. Por el Convenio de 1859, España había obtenido privilegios para extender el territorio de Melilla. El conflicto estalla cuando la guarnición de Ceuta decide construir en la frontera un reducto de piedra que se llamó «Santa Clara». La tribu marroquí de Anyera consideró que aquel cuerpo de guardia fronterizo era peligroso y reclamaron la paralización de las obras, a lo que las autoridades españolas se negaron. La noche del 10 al 11 de agosto de 1859 los cabileños atacaron por sorpresa, demolieron la construcción y destruyeron un escudo de España que allí había. Al día siguiente algunos obreros españoles que se afanaban en reconstruir el puesto fueron asesinados. El 22 de octubre, el general Leopoldo O´Donnel, a la sazón presidente del Gobierno, declaró la guerra a Marruecos con autorización de la Reina Isabel II, lo que fue respondido por el Sultán con la proclamación de la yihad. La fuerza expedicionaria española llegó a contar con 50.000 hombres. El 1 de enero de 1860 el general Prim ganó la batalla de Castillejos; el 4 de febrero capituló Tetuán; el 23 se obtuvo la victoria de Wad-Ras. Marruecos pidió la paz, cuyo tratado fue firmado el 26 de abril. El conflicto se cobró 10.000 vidas y costó 237 millones de reales.

    1882: Joaquín Costa

    El 11 de noviembre el regenaracionista Joaquín Costa pronuncia su famosa conferencia «Política y comercio de España en África» que alentará intelectualmente el africanismo. Se trataba de un gran plan de expansión política y mercantil, de un sueño patriótico totalmente fuera de la realidad española.

    1893: Muere García Margallo

    En febrero de 1893 se decidió la construcción de un fuerte junto al cementerio islámico y la mezquita de Sidi Uariax en Melilla; las cabilas hicieron llegar al general Juan García Margallo, comandante general de la plaza, una petición para que el fuerte no fuera construido junto al santuario. Otra vez, como en 1859, la petición fue denegada. El 28 y el 29 de septiembre se produjo el ataque marroquí contra posiciones españolas fronterizas. Se enviaron refuerzos de la Península. García Margallo perdió la vida en combate y fue sustituido por el general Macías. Después, el general Martínez Campos fue nombrado Jefe del Ejército de Operaciones, al mando de 20.000 hombres. El Sultán abre negociaciones de paz, que se sellan el 10 de marzo de 1894.

    1902: Convenio hispano-francés Se trata de un convenio que nunca fue firmado, lo que debe entenderse en el marco de otra conversación mayor, la que establecían Francia y Gran Bretaña, pues esta última comenzaba a tener un interés mayor en la zona del Estrecho. El ministro francés de Negocios Extranjeros, Thèophile Delcassé, inicia conversaciones con el embajador español en París, Fernando León y Castillo, en las que se resuelve un reparto de zonas de influencia entre las dos naciones. España recibiría, al norte, la costa del Mediterráneo desde la desembocadura del río Muluya, frente a las Chafarinas, hasta Tánger; al sur, desde el cruce de los ríos Muluya y Msun, incluyendo las ciudades de Taza, Fez y Uazzan, siguiendo después el curso del Sebú, hasta su desembocadura en el actual puerto atlántico de Kenitra. Todo ello constituye lo que se conocía como el Reino de Fez, mientras que Francia se quedaba con el Reino de Marraquech.

    1904: Convenio anglo-francés

    La consecuencia final de este convenio es que España veía disminuida la zona de influencia pactada en 1902, de forma que ahora limitaba por el norte desde la desembocadura del río Mulya hasta la laguna de Zerga, en el Atlántico, entre Larache y el río Sebú, pero exceptuando Tánger, que se convertía en ciudad internacional; al sur, por una línea que correría al este, pasando al sur de Alcazarquivir y al norte de Uazzan, Fez y Taza, hasta encontrarse otra vez con el río Muluya. También se le adjudicaba una segunda región al sur de Marruecos, delimitada entre Agadair e Ifni hasta Río de Oro.

    1909: Semana Trágica

    La tribu de los Beni Urriaguel se levantó contra la presencia española en las minas de Guelaya y Monte Afra (hierro y plomo), que un aventurero marroquí, conocido como El Roqui, había pactado con la Compñía Española de Minas del Rif y con la Compañía Norte Africano, atacando las obras del ferrocarril. El ejército español contratataca y es derrotado el 27 de julio en Barranco del Lobo. El Gobierno de Madrid llama a los reservistas y se desata la Semana Trágica de Barcelona, que tendría gravísimas consecuencias sociopolítcas de las que España tardaría mucho en reponerse. El Tratado de 1910 puso fin al enfrentamiento. Aún se producirán nuevos enfrentamientos en 1911, con la toma Alcazarquivir y Larache, que conducirán a la firma de otro Tratado en 1912 que consagra la internacionalización de Tánger y que garantiza la presencia española ejercida por un Alto Comisario y un Jalifa, delegado del Sultán, pero elegido por Madrid.

    Mohamed ben Abd el-Krim

    Hijo de un caíd que pertenecía a la facción de los beni Urrioaguel, fue enviado a estudiar de Fez al colegio español de Melilla, por la inseguridad de la situación interna marroquí. Fue profesor de árabe en la plaza española y redactor de «El telegrama del Rif» y, mientras vivió allí, fue partidario de jugar la carta de la amistad con España, frenando los impulsos antiespañoles de su padre. Sin embargo, la relación entre ambos suscitó sospechas y el general Riquelme lo encarceló en la prisón de Cabrerizas Altas, aunque sería liberado después, y ya en 1917 retomaba su papel en Melilla. Sin embargo, presionados por las tribus, ambos romeperían con España. Muerto el padre, el hijo encabezará al frente de la rebelión contra España.

    1921: El desastre de Annual

    El general Manuel Fernández Silvestre, que había sido jefe del Cuarto Militar del Rey y que tenía una hoja de servicios llena de actos heroicos, fue nombrado comandante general de Melilla. Él fue el responsable absoluto de la derrota de Annual. Dejándose llevar por su arrojo, prescindió de los mandos superiores y quiso hacer la guerra por su cuenta. Perdió la vida y salvó, quizá, su honor, cuando permaneció en pie, solo, en medio de la desbandada general aquel fatídico 22 de julio, perdiéndose en la batalla 10.000 hombres, entre oficiales profesionales y soldados de reemplazo; y cayendo heridos o prisoneros otros 10.000 en manos de Abd el-Krim. A punto estuvo de perderse Melilla, aunque en octubre de aquel año ya se habían reconquistado buena parte de las plazas perdidas.

    1923-27: La pacificación final

    En 1923 el general Primo de Rivera, que había encabezado un pronunciamiento militar y que constituyó su Directorio, se pone al frente del Alto Comisariado. Ante el peligro que suponía la rebelión del Rif, Francia y España unieron sus fuerzas y el 8 de septiembre de 1925 se produjo el desembarco de Alhucemas, en el que estuvieron presentes tropas de ambos países y que fue brillantemente coronado por la infantería española. El caudillo rifeño se entregaría a las tropas francesas el 22 de mayo de 1926 y fue desterrado a la isla de Reunión.

    De Ifni a la Marcha Verde

    En 1957 comienzan en la zona revueltas contra Francia y España, que el 10 de febrero de 1958 aúnan esfuerzos en la «Operación Huracán», guerra que permaneció en secreto. España y Marruecos firman el Tratado de Cintra el 1 de abril de 1958, por el que España devuelve Tarfaya. A mediados de los años 60, el problema de la zona se internacionaliza, y la ONU incluye el Sahara entre los territorios a descolonizar. En 1969, España devuelve Ifni y en el Sahara comienza sus actvidades la Djema, el consejo de notables saharauis. La ONU propone que se celebre un referendum y Madrid declara la autonomía interna en 1973. Un año después se acepta la idea de celebrar una consulta y se comienza a confeccionar un censo. Un dictamen de La Haya declara que no es terra nulli, lo que Marruecos interpreta a su favor. En noviembre de 1975, el general Franco agoniza en El Pardo y Hassan II aprovecha la ocasión para lanzar la Marcha Verde. El 14 de noviembre se firman los Acuerdos de Madrid y el Sahara Occidental es ocupado por Marruecos y Mauritania.

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  • Ciudad de Algeciras



    El contrato para la construcción de este buque se firmó el 25 de enero de 1925 y el primer tramo de la quilla fue arbolada el 12 de junio siguiente, en ceremonia que estuvo presidida por el príncipe de Asturias Alfonso de Borbón, que inauguró oficialmente los astilleros, y contó con la asistencia del presidente del Directorio Militar, general Miguel Primo de Rivera, cuyo nombre ostentaría el nuevo buque.La botadura se produjo el 28 de julio de 1926 y el “Miguel Primo de Rivera” fue entregado a la Compañía para las líneas del Estrecho el 21 de Enero de 1.927, pasando a cubrir la línea Ceuta-Algeciras.
    Había costado 3.018.512 pta y tuvo el honor de ser el primer buque construido en la factoría de la Unión Naval de Levante....más

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  • El africano condenado en el presidio de ceuta en el año 1720
    En San Roque, desde el año 1649, ya existía el toro de soga.

    En 1720 había corridas.

    Fue en la Plaza de Armas donde, a cargo de Manuel Ballón "El Africano" se inventó el pase de muleta.

    Nació en Sevilla y fue un gran torero. Tuvo una disputa con un compañero al que mató (con sólo 12 años!), por ello fue condenado a 6 años de presidio en Ceuta. Logró escapar y pasó al campo moro donde tomo lecciones de la fiesta de los toros, ya que en África eran muy aficionados. Cinco años más tarde regresó a España y empezó a lidiar como había aprendido en África.

    El Africano se enteró que en San Roque había una novillada y se acercó confianzo que el matador le dejara a él lidiar un toro. Éste le dijo que sí, asi que cogió un capote y le colocó en un palo, marchó a donde estaba el toro y le dió muerte de una sola estocada cara a cara.
    A partir de ahí, cada vez que se celebraba una corrida era para reunir dinero y arreglar cosas del pueblo: obras de la parroquia, lactancia y crianza de los niños expósitos, el campanario...

    En la Línea también se organizaban toros, pero era a San Roque donde se acercaba la mayoría.

    En 1850 un grupo de aficionados decidió crear un sociedad para construir una Plaza de Toros. Eran 73 vecinos de San Roque y 37 de Gibraltar. El terreno fue cedido por un vecino.......La coctelera.net

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  • El hombre que iba a disparar a Franco en Ceuta Antonio Rico recuerda la historia de su hermano José, que quiso matar a Franco en Ceuta

    Y. Recio / Salamanca

    El cabo salmantino José Rico murió con 21 años fusilado, después de que se descubriera que planeaba atentar contra el general Francisco Franco en Ceuta. Quienes vivieron para contarlo aseguran que mantuvo una “serenidad y sangre fría” que causó la admiración de los presentes, hasta el mismo momento de su muerte. En el juicio, se enfrentó al juez que les llamó cobardes tras dictar la sentencia de muerte con estas palabras: “Juré defender una España democrática y la defiendo porque soy español; los traidores a la patria sois vosotros”.
    Antonio Rico dice que la edad ha hecho mella en su persona, que ya no tiene la cabeza que tenía antes, pero sin embargo con total lucidez recuerda fechas, nombres, lugares y hasta frases textuales relacionadas con el caso de su hermano José Rico, un cabo salmantino destinado en Ceuta que pudo cambiar el rumbo de la historia de España.
    El joven José Rico, natural de Villarino de los Aires (Salamanca), en defensa de la República, planeó atentar contra el general Francisco Franco en julio de 1936, pero la trama quedó al descubierto cuando “un íntimo amigo” de José Rico, del mismo pueblo donde vivían, Monleras, y con el que se marchó a Ceuta, delató a sus compañeros, arrepintiéndose en el último momento y firmando así “la sentencia de muerte de siete personas”.
    Han pasado más de 70 años desde que el cabo Rico fuera fusilado tras conocerse sus planes, un tiempo que parece reciente en el recuerdo de su hermano, quien no puede evitar las lágrimas al contar la historia que marcó a toda una familia salmantina durante décadas. Les creó “una herida de esas que no se curan, en el alma”.
    Antonio Rico asegura que recuerda con claridad, “como si fuera ayer”, el día en que su hermano, con 18 años, decidió irse voluntario al Ejército y cuenta que su madre les llevó a él y a su hermana hasta el autobús para despedirle. Allí, José le cogió en brazos, un momento que confiesa tiene “clavado” en el corazón. En su memoria están nítidos algunos recuerdos sobre José Rico, como cuando le llevaba “a todas partes cogido a hombros” y distraído iba “siempre leyendo el periódico” mientras caminaban, por lo que le decía que se agarrara “de sus orejas”. Destaca que su hermano era “muy buena persona”, que le gustaba leer y escribir, de hecho trabajó como corresponsal en el periódico El Adelanto de Salamanca y, por encima de todo, asegura que fue “más que un valiente” y lo demostró hasta el mismo momento de su muerte.
    Historia de un complot
    Todo comenzó la noche del 17 de julio de 1936, cuando las tropas al mando del teniente coronel Juan Yagüe recibieron la orden de tomar Ceuta. Los diferentes cuerpos militares se distribuyeron para controlar la ciudad y al Regimiento de Infantería del Cerrallo Nº 8 de Ceuta se le ordenó salir a la calle para “defender a España”. Entre los destinados a esa labor se encontraban los cabos José Rico y Pedro Veintemillas, quienes en su ronda por las calles de Ceuta observaron cómo patrullas de falangistas detenían a civiles, asaltaban sedes de partidos políticos o cómo en las paredes de la ciudad se habían fijado bandos firmados por el general Franco en los que se comunicaba el estado de guerra, la disolución de los partidos y la prohibición de reuniones.
    Cuando Rico y Veintemillas volvieron al cuartel, se reunieron con otros compañeros para estudiar la trama. En un segundo encuentro, el cabo salmantino presentó ya el plan para matar a Franco, que consistía en dispararle cuando pasara revista a las tropas, una tarea de la que se encargaría el mismo.
    Después, el resto de implicados apuntarían a los demás militares para inmovilizarlos, desde la primera planta del cuartel. Lo siguiente que planearon fue que otro grupo saldría hacia la ciudad para informar del atentado y recabar el apoyo del pueblo. Un plan que ni siquiera llegó a iniciarse, debido “a la traición” de uno de los militares.







    Antonio Rico.

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  • Ceuta bajo los musulmanes
    En los primeros años del siglo VIII se hacía visible ya la decadencia del reino visigodo y de los bizantinos. En esta coyuntura histórica surgió la figura del conde Urbano, que para algunos autores fue el primer gobernador visigodo nombrado por Witiza después de la sumisión bizantina al poder toledano; mientras otros, como García Moreno, afirman que era gobernador bizantino de ambas orillas del Estrecho, jefe de los restos del ejercito y la flota bizantina acantonados en Ceuta. Fuera don Julián bizantino o no, lo cierto es que, al verse completamente aislado y sin esperanza alguna de socorro ni contacto con Oriente, se había decantando por ponerse al servicio de los visigodos de los que pensaba obtener más pronta ayuda a causa de su proximidad geográfica.
    Musa ben Nusayr tras conquistar Tánger en el 708 obligó al gobernador de Ceuta a pactar servir lealmente al caudillo musulmán, aportándole naves para el transporte marítimo de sus tropas a la Península, mientras que en contrapartida los árabes sólo entrarían en Ceuta tras la muerte de su gobernador, hecho que se produjo en el 740. Septa se llamó desde entonces Madinat Sabta.
    Durante su permanencia al ámbito musulmán Ceuta pasó a ser controlada por varias dinastías, pero no por Marruecos que en esas fechas no existía como país ni como estado. La primera fue la de Idrisi que dominó gran parte de la región hasta principios del siglo IX, en que fueron perdiendo influencia a favor de los fatimíes que consiguieron hacerse dueños de casi todo el Norte de África. Los omeyas de Córdoba la dominaron hasta su decadencia y conversión de Al-Andalus en reinos Taifas. Ali- Ibn- Hammud fue nombrado entonces gobernador de Ceuta y Málaga, inaugurando la dinastía hammudí en Ceuta. La familia de los hamudíes se enzarzó en una guerra civil hasta que en el 1061 uno de sus clientes Suqut al-Bargawati, se declaró soberano independiente de Ceuta y Tánger, rompiendo los lazos con los hamudíes andaluces. Con posterioridad y con ayuda de la flota sevillana, los almorávides tomaron al asalto Ceuta al mando de Yusuf Ibn Taxfin, que quedaría como gobernador hasta su muerte en el 1106, siendo sustituido por su hijo Alí Ibn Yusuf quien continuó luchando contra los cristianos y los reinos taifas.
    Tras la toma de Zaragoza por Alfonso I de Aragón (1118), el imperio almorávide empezó a declinar, y Ceuta entró en una etapa de semi independencia. Pero otro pueblo islámico va a tomar el relevo de los almorávide, los almohades, que ejercerían una especie de protectorado sobre Ceuta, que amplió su jurisdicción sobre los territorios de Tánger, Gomara, Garb Medio, en la costa africana, y Tarifa, Algeciras y Málaga en la andaluza. Posteriormente el califa agregaría Granada al gobierno de Ceuta.
    Tras la caída almohade en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 la ciudad cayó en poder de Ibn Hud, soberano de la taifa de Murcia, quien designó como gobernador a Alguxti, Este dirigente sería derrotado al poco tiempo por una revuelta popular independentista que entregó el poder a al-Yanaxti. En medio de estas turbulentas acciones políticas se produjo en 1227 la ejecución de Daniel de Belvedere por predicar el cristianismo. Por esta razón sería considerado como patrón de la ciudad por los cristianos.
    Desde 1249 hasta 1327, con dos breves interrupciones, reinarían en Ceuta los Azafíes y la flota ceutí participó en la defensa de Sevilla atacada, y tomada posteriormente, por Fernando III. Pero pronto surgió una nueva fuerza en la zona, la de los benimerines.
    Tras la conquista de la Baja Andalucía por los cristianos el dominio musulmán en la Península quedó reducido al reino nazarí de Granada. Para garantizar las comunicaciones con el Magreb, los granadinos trataron de controlar el estrecho de Gibraltar poniendo para ello sus ojos en la ciudad de Ceuta. Pero su estratégica situación había levantado también las apetencias de otro pueblo norteafricano, los llamados benimeriníes. Granadinos y meriníes rivalizaron desde entonces por el control de la ciudad norteafricana. El sultán merinida Abu Yusub Yaqub puso cerco a Ceuta con la ayuda de los aragoneses, obligándole a pagar un tributo anual. Pero sería Muhammad III (1303-1309) quien la conquistaría para los granadinos. Los nazaríes restablecieron el orden en las cercanías de Ceuta tomando Tánger, y reforzaron la defensa de la ciudad.
    Los nazaríes se mantuvieron por poco tiempo en Ceuta que de nuevo cayó bajo administración meriní, quienes mejoraron las defensas tanto para evitar la invasión exterior como para prever los intentos de sublevación de sus habitantes, para lo cual crearon el Afrag o murallas de la llamada “Ceuta la Vieja”. Las frecuentes disputas entre los merinidas por el control del sultanado permitió a los granadinos recuperar de nuevo Ceuta, que desde 1384 a 1386 estuvo bajo el poderoso sultán nazarí Muhammad V. Tras esos dos años de dominio nazarí Ceuta volvió a manos meriníes.
    7. La conquista portuguesa

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  • La Ceuta romana. Septem Fratres
    Desde la segunda mitad del siglo I antes de Cristo se constata la presencia de un núcleo urbano en el lugar donde hoy día se sitúa nuestra ciudad. Estaba integrada en el reino mauritano, que pronto fue integrado en el vasto Imperio romano. Durante esta época las fuentes escritas hablan de la Abila identificada con el Hacho y que la mitología griega consideraba la columna africana de Hércules. También se mencionan sus siete colinas Septem Fratres, topónimo de donde deriva el nombre de Ceuta. Mediante un edicto de Caracalla del 212 se promocionó a Civitas romanorum, es decir, a ciudad con estatuto jurídico de municipio romano. La existencia de unas termas y el hallazgo de un sarcófago de mármol de procedencia romana, decorado con un relieve que representa las cuatro estaciones, hallado en el transcurso de unas obras en la Plaza de la Constitución, prueban el dinamismo de su economía y sociedad. Su principal actividad económica fue la salazón de pescado. Desde el siglo IV se extendió por la ciudad el cristianismo que creó una floreciente comunidad de fieles como lo atestigua la existencia de una basílica, que es el edificio paleocristiano más importante descubierto hasta la actualidad en la Tingitania romana.

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  • Ceuta bizantina
    En el 429 los vándalos, al mando de Genserico, pasaron al Magreb en ayuda del conde Bonifacio, prefecto de África y enfrentado al gobierno de Roma. Algunas fuentes hablan de la destrucción total de Ceuta por parte de este pueblo germánico, mientras que otras admiten la existencia de algún tipo de comunidad cristiana persistente en la ciudad una vez que esta fue abandonada por los vándalos. Mientras tanto, los visigodos invadían la Península arrinconando a los suevos en el Noroeste y estableciendo su capital en Toledo. Por otro lado, el emperador bizantino, Justiniano, encargó a su general Belisario la conquista de parte de la África septentrional. Por consiguiente desde 534 hasta el siglo VII, Ceuta fue bizantina con el nombre de Septon. Para asegurar su defensa frente a los visigodos, la ciudad bizantina fue fortificada y convertida en el principal punto de observación de la costa Hispana. A la fortificación siguió un proceso de urbanización, cuyo principal ejemplo fue el templo levantado a la Virgen en su advocación de Madre de Dios (Theotokos) en el sitio donde se encuentra la actual catedral. A partir del 552 las tropas imperiales iniciaron, seguramente desde Ceuta, la invasión de la parte meridional de la península Ibérica.
    POR CEUTA EN LA HISTORIA

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  • Centros culturales y monumentos destacados en Ceuta
    Ceuta es una ciudad fortificada, y por ello su centro queda perfilado por murallas. Desde el castillo del monte Hacho, en el mirador de Isabel II, el visitante puede comprobar esa disposición urbana. En lo alto de ese mismo enclave, se alza la ermita de San Antonio (1540).Desde allí, el paseo puede conducir a otros centros de interés, como la basílica de Nuestra Señora del Valle (siglo XV), el castillo del Desnarigado, las iglesias de los Remedios y San Francisco, los museos de la Legión, de Regulares y Municipal, el Palacio Municipal y el bellísimo santuario de Nuestra Señora de África (siglo XVIII).

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